festival piauí de jornalismo
Maitê Silveira 08 Set 2026
4 min de leitura
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Traducido por Sérgio Molina
En un país donde el 60% de la población tiene miedo de expresarse, Carlos Dada, cofundador y director del salvadoreño El Faro, considera que su posición es un privilegio —a pesar de vivir exiliado en Holanda. Junto con su colega Jorge Simán, Dada fundó El Faro en 1998, en los inicios de la transición del periodismo impreso a la era digital. El medio salvadoreño fue el primer periódico digital nativo de la región, y hoy en día, es uno de los principales referentes del periodismo de investigación en América Latina. Su historial incluye coberturas en zonas de conflicto en Irak, Honduras y México. Además, Dada ha colaborado con piauí en tres ocasiones y participó como invitado en la primera edición del festival, en 2014.
Entrevistado este domingo (6) en la sede de la Cinemateca Brasileira, en São Paulo, por la reportera de piauí Consuelo Dieguez y por el periodista de GloboNews Marcelo Lins, Dada afirmó que, desde su última participación en el festival, hace doce años, “hacer periodismo se hizo mucho más complicado. Hemos pasado de independientes a disidentes”. Bajo el gobierno del presidente nacionalista Nayib Bukele, en el cargo desde 2019, El Salvador cayó de la posición 38ª a la 143ª entre 180 países incluidos por Reporteros sin Fronteras en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa.
Antes de ser electo, Bukele elogiaba a El Faro, pero cambió de posición apenas ascendió al poder. “Somos enemigos”, resume Dada. El gobierno, que arbola como principal consigna la detención masiva de miembros de las maras —una política ejecutada sin ningún respeto por los derechos humanos ni el Estado democrático de derecho—, ha provocado el exilio de todos los miembros de la redacción de El Faro, que hoy se mantiene a duras penas. Dada explica que el medio enfrenta una “tormenta perfecta”. Debido al acoso del gobierno autoritario, los ingresos comerciales son casi nulos. “Nadie quiere anunciar en nuestra plataforma y terminar peleándose con un dictador”, explica. A la vez, se han incrementado los gastos en defensa legal y los costos administrativos, ya que el medio ahora opera desde Costa Rica. Los ingresos cayeron justo cuando los costos aumentaron. “Aún estamos aprendiendo a sobrellevarlo. El precio por hacer periodismo es cada vez más alto.”
Los periodistas salvadoreños deben contactar a sus fuentes usando métodos “a la antigua”, para precaverse de la intimidación y el monitoreo ostensivo del gobierno. Dada relató que, durante el primer año de la administración de Bukele, el gobierno llegó al punto de escrutar a sus funcionarios con polígrafos para identificar a los que colaboraran con la prensa. “Las fuentes siempre corren más riesgos que nosotros, por eso nuestra obligación es protegerlas aún más que a nosotros mismos.”
No siempre los métodos de Bukele para suprimir la información funcionan bien. Cuando Dieguez preguntó a Dada sobre los indicadores sociales y económicos del país, él explicó que, recientemente, para acceder a un préstamo del FMI, el gobierno se vio obligado a transparentar las cuentas públicas. Lo que se reveló fue una situación calamitosa, que pronto se deberá usar como coartada para imponer políticas de austeridad que afectarán sobre todo a las pensiones de los salvadoreños.
En 2020, a través de una serie de documentos y testimonios de miembros de MS-13 — una de las principales pandillas salvadoreñas, ‘también llamada Mara Salvatrucha—, El Faro comprobó que había negociaciones y un intercambio de beneficios entre el gobierno actual y los líderes pandilleros. Cinco años después, han salido a la luz más revelaciones sobre la cercanía entre el núcleo duro de Bukele y las bandas criminales del país.
Al deconstruir la imagen que Bukele se había fraguado a nivel internacional, Dada y los demás periodistas de El Faro fueron hackeados por el software israelí Pegasus. Para dejar registrada su indignación ante este monitoreo, Dada demandó al fabricante israelí en un tribunal de California; dicho proceso aún sigue en curso. Otro episodio que puso en evidencia el alcance de la vigilancia del gobierno actual fue cuando periodistas de El Faro se vieron vigilados por drones. Cuando uno de los aparatos voladores entró por la ventana de la oficina de Dada, el periodista respondió con un gesto simple pero simbólico: le mostró el dedo medio.
A pesar de los riesgos, Dada y El Faro aseguran que no se dejan intimidar. “El miedo no nos paralizará. Mientras tengamos la posibilidad de responder, es una ventaja.” Entre sus objetivos está mantener el periódico conectado con la población local, para evitar que se instale la complacencia del exilio. “¿Cómo no terminar siendo un periódico de exiliados para exiliados?” El Salvador que Dada tuvo que dejar aún resiste, a pesar de Bukele.